La visita de Fray Marcos Porta a Fiambalá surgió sobre la marcha, justo se encontraba en Catamarca y un familiar se ofreció acercarlo hasta Fiambalá.
Natalia, siempre dispuesta – Ver Peregrinación de luz del Beato… organizó a las familias y niños del lugar con la prontitud de quien reconoce que la gracia no avisa, solo llega. Lo que ninguno imaginó es que ese encuentro se convertiría en una experiencia donde unos fueron sorprendidos y otros agradecidos, como dos movimientos del mismo espíritu franciscano.
La sorpresa que desbordó a Fray Marcos
Fray Marcos partió con la intención sencilla de saludar y alentar a Natalia en su misión con el “Beatito”. Sin embargo, lo primero que expresa es:
“Salí yo con el corazón lleno. Todo se invirtió”.
La comunidad lo recibió con una alegría desbordante y fe, de esas que crecen en la vida diaria y en medio de las dificultades. Lo conmovió ver el predio levantado por los propios peregrinos: techo de troncos, cocina, mesas, baños en construcción. Todo ofrecido a la Virgen, sin esperar nada a cambio.
Allí bendijo la gruta y la imagen del Beato Esquiú, y sintió con fuerza que en realidad es la Virgen – mujer a quien Mamerto admiró y confió tanto– la mejor intercesora para la canonización del Beato. Se unió a la comunidad en esa súplica. Más tarde, en Fiambalá, concelebró la Misa junto al P. Javier Cisternas, y recibió obsequios hechos por manos por los mismos peregrinos.
Para él, la sorpresa no estuvo solo en lo que vio, sino en lo que recibió: un pueblo que da desde lo profundo, y una guía —Natalia— que lo acompañó en el recorrido, con la misma generosidad que entrega en la misión de Esquiú.

La gratitud franciscana que Natalia quiso expresar
Natalia, por su parte, vivió la visita como un regalo inesperado. En su expresión late la espiritualidad de San Francisco, ese modo de ver el cielo escondido en lo pequeño. Dice:
“Cada día es un regalo y cada encuentro una gracia”.
Por eso sintió la llegada de Fray Marcos como una bendición para la comunidad. Lo recibió junto a un pequeño grupo en el arco de ingreso, lo llevó a la capilla del Barrio Retiro y luego a Guanchín, donde los colaboradores cuidan la gruta de la Morenita y la imagen donada del Beato Esquiú.
La merienda compartida, la bendición en el paraje y la Misa celebrada junto al Pbro. Javier, fueron, para ella, momentos donde la gratitud se volvió palpable: en los rostros, en los gestos sencillos, en los obsequios que los vecinos entregaron “para que recuerde su paso”.
Así resume su vivencia:
“Agradezco este gesto tan hermoso de tener al primer fray en nuestra comunidad. Que Dios nos regale muchos más para seguir creciendo en esta peregrinación de luz”.


