La zamba que corona un homenaje

Sep 11, 2026 | Actualidad, Bicentenario Esquiú 2026, Fray Mamerto Esquiú, Testimonios

En el patio de su casa, una tarde de agosto, Rodolfo Enrique Layús recibe la pregunta con la calma de quien la viene masticando hace años: ¿qué representa Esquiú en su vida? «Fue el orador de la Constitución Nacional», responde, «y si lo escuchamos ahora parece que sería real y actual.» No habla de un prócer estático: habla de un hombre que andaba por caminos polvorientos en diligencia, que visitaba a todo el mundo, que en Córdoba -ya como obispo- recogía a los pobres para darles de comer y un lugar donde dormir.

Esa memoria fue la que llevó a la familia a rendirle homenaje en la posta de El Suncho, donde Esquiú descansaba en sus viajes. Y de esa misma memoria nació otra cosa: una zamba, una “zambita” la llaman con afecto en su familia. «Antes de la inauguración de la capilla vino una banda del Ejército, de la Fuerza Aérea, y Radio Universidad transmitió toda la ceremonia. Ahí se me ocurrió hacerle una zamba a Fray Mamerto», cuenta. La letra tomó forma con la ayuda de su hermano Miguel Ángel Layús y terminó de grabarse en cuarentena, subida a Spotify en 2022 — una manera de contar, cantando, lo que significó para Catamarca y Córdoba tener semejante prócer.

🎧 Escuchá «A Fray Mamerto» en Spotify: https://open.spotify.com/album/6Pbf0b5vMkcGJ6sezksHcv?si=Z0ahQmuOQJKMSieOOiSIpQ&utm_source=native-share-menu 

Hoy, a los 80 años, Rodolfo solo pide una cosa: que llegue la santificación. «Para poder realmente rendirle un homenaje nacional a quien fuera un prócer de la patria y luchó tanto por los pobres y los desvalidos, del norte cordobés al sur de Catamarca.»

De Siria a la posta de El Suncho

La devoción de esta familia por Fray Mamerto no empieza con la zamba. Viene de más atrás, de otro continente incluso. Los abuelos de Rodolfo llegaron de Siria y se instalaron primero en Deán Funes, y luego se fueron a Esquiú, donde, según cuenta la familia, levantaron una industria que en su momento fue de las más importantes de la zona: allí habría funcionado una de las primeras fábricas de sillas plegables de madera del país, y de ahí salió también lo que la familia recuerda como la primera línea de tractores Santos que llegó a la Argentina.

El abuelo, «un hombre santo», lo define su nieto Alejandro (el que hizo la zamba con su padre Rodolfo), apenas había llegado al segundo grado de la escuela, pero hablaba cinco idiomas y escribía en tres. De él quedan decenas de anécdotas familiares, y una en particular resume mejor que cualquier biografía su relación con Esquiú: cuando le quisieron vender un seguro para toda la empresa, contestó que no hacía falta, que él ya tenía el suyo: «El monolito de Fray Mamerto». Ese mismo monolito, que él mandó construir en homenaje al fraile, sigue en pie detrás de uno de los campos de la familia, en San Jorge.

Esa devoción heredada explica por qué, generaciones después, la familia sigue custodiando el paso de Esquiú por El Suncho. Entre los objetos que guardan como legado hay un juego de tirantes de madera que conservan como recuerdo directo de su presencia en la posta, piezas donada por la Sra. Dávila, que para ellos, siguen hablando de ese último tramo del camino del fraile.

 

* Rosana Triunfetti. Comunicadora de la causa del Beato Fray Mamerto Esquiú.

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