Recuerdo eterno. Una bendición del padre Esquiú

Jun 17, 2026 | Actualidad, Cartas, Difusión, Fray Mamerto Esquiú, Testimonios

José I. Tula. Era comerciante. Hombre de caminos y carros, nacido en Ramblones, Catamarca, formado en el Colegio Nacional de esa ciudad y radicado, ya de grande, en Córdoba. No era escritor. No era cronista. ¿Tendría algún motivo especial para que la historia lo recordara?.

El 10 de enero de 1883, en una posta perdida del camino entre La Rioja y Córdoba, vivió algo que nunca pudo olvidar. Fueron minutos. Unas pocas palabras, una bendición, el polvo de una mensajería que se alejaba. Y la noticia, al día siguiente, de que el obispo que había visto partir estaba muerto.

Guardó ese recuerdo durante 46 años. El 11 de mayo de 1929 se sentó a escribir. No para dejar un testimonio oficial. Solo para cumplir, dijo él mismo, «una aspiración del espíritu, abrigada desde hace mucho tiempo.».

Lo que escribió es una carta breve, sencilla, profundamente humana. Y tiene líneas que no se olvidan:

«Vi sus sandalias y sus plantas y se grabaron tan fuerte en mi memoria, que es como si las viera actualmente.»

 

«Yo le ví una hora y media antes de morir. ¡Qué dicha grande es la mía!.»

 

«Tal vez la última bendición que dio en su vida mortal… para que alumbrase mi camino y me guiase en el sendero de la vida.»

 

📖 La carta completa, en este link.

 

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