El 16 de mayo de 2026 se oficializó – por decirlo de alguna manera- el primer viaje a la Ruta de nuestro beato Fray Mamerto Esquiú por el norte cordobés. Una idea que se gestó con cuidado, dedicación y generosidad por un pequeño grupo. Aquí te contamos sobre ellos.
Las 7 de la mañana. Todavía oscuro, muy frío. El cielo sobre Córdoba ardía en naranjas y rojos mientras nos reuníamos frente a la escultura de Esquiú, en lo que hoy es el Centro de Interpretación Tecnológico El Camino de Brochero. Ese amanecer encendido abrió camino al primer viaje con Esquiú. A las 7.30 partimos puntuales, viajando hacia enero de 1882, cuando Esquiú recorrió estas mismas tierras rumbo Totoral, Jesús María, Avellaneda, San José de la Dormida, Villa Tulumba y Villa María de Río Seco.
Junto a la escultura de nuestro Beato Esquiú capturamos la primera imagen memorial “El Encuentro”.
Al lado de Esquiú
Avellaneda no se explica, se respira. Hay que quedarse unos minutos quieto en su Oratorio, entre sus calles cerca de la Estación de tren, para dejarse abrazar por lo que es. Se respira a Esquiú. Como en Assís, se respira a Francisco. La información te dará contexto, pero si te dispones, caminas unas cuadras, contemplas la sencillez, Esquiú vuelve renacer, y de manera única con cada experiencia.
Ahí capturamos una segunda imagen memorial “Al lado de Esquiú”.
El sueño de Dios
San José de la Dormida nos recibió con un almuerzo cálido, de esos que saben a mesa de domingo. Luego visitamos la iglesia local, donde una placa recuerda el paso de Esquiú como obispo de Córdoba. Las calles empedradas, la vista al Camino Real, y adentro de la iglesia, una talla de madera de San José dormido que detiene el tiempo. Hay algo profundamente sereno en esa imagen: un hombre santo descansando, y en ese descanso, Dios obrando.
Capturamos una nueva imagen «El sueño de Dios»
Patrimonio de amor
Villa Tulumba. Al lado de la iglesia Santuario Nuestra Señora del Rosario vive un tala centenario, retorcido y majestuoso. Bajo su sombra, Fray Mamerto Esquiú ofició misas, casamientos y bautismos a fines del siglo XIX. Hoy es patrimonio histórico natural, pero ese sábado frío y ventoso un lugar de memoria viva. Nos reunimos bajo sus ramas mientras Fray Ronen hacía memoria en voz alta. Veinte personas escuchando, sintiendo el viento frío, pero sintiendo algo más. Ese árbol tiene algo que no se puedo explicar.
Allí capturamos otra imagen memorial “Patrimonio de amor”.
Dato: entre enero y marzo de 1882, Esquiú visitó Tulumba, colocó la piedra fundamental del nuevo templo, realizó una misión de nueve días e impuso el sacramento de la Confirmación a más de mil personas.
Villa de María de Río Seco
El 27 de enero de 1882, Fray Mamerto Esquiú llegó a Villa de María del Río Seco como parte de su misión episcopal. Lo que podría haber sido una visita más en su recorrido pastoral, se convirtió en un acontecimiento memorable: el obispo fue recibido en la casa de la familia Lugones, donde vivía el pequeño Leopoldo, de apenas ocho años.
Ahí, en el patio de la casa de la familia Lugones, del legendario escritor y poeta Leopoldo Lugones, participamos de un momento singular. Una mesa cubierta con un mantel, tomillo, romero, polero y otras hierbas aromáticas de la zona, una jarra, pan casero, dulces caseros, y unos tres metros de ahí un fueguito calentando agua para el té y brasas que luego serían parte de la preparación del té. Ahí Julio preparó en vivo el té y haciendo fila recibimos una merienda que quedará en el memorial de cada una, y cada uno. Vivimos ahí varias experiencias movilizadoras. De los cinco perros que se alteraron de felicidad al recibirnos será imposible olvidarlo.
Ahí junto a la estatua de Leopoldo Lugones capturamos “El té de la amistad”.
Un viaje al interior
Este hermano menor de raíz franciscana es, en el fondo, una puerta abierta. Esquiú es un camino en sí mismo, personal y comunitario al mismo tiempo. En cada lugar por donde pasó -donde descansó, habló, escuchó, dio los sacramentos- hay un mensaje que se está gestando. No es el mismo para todos. Uno propio, de cada uno. Ahí está el milagro de Esquiú: dejarlo ser lo que tiene que ser en cada uno, en el presente.
Ahí capturamos la siguiente imagen “Un viaje al interior”.
*Rosana Triunfetti. Comunicación Causas de santidad.














