San Lorenzo, Santa Fe.
En la parroquia San Lorenzo Mártir, el Beato Mamerto Esquiú sigue reuniendo corazones. Allí, junto a sus reliquias de primer grado, los fieles se acercan con confianza para dejar sus intenciones y agradecer las gracias recibidas. Este signo de fe popular creció de manera sencilla, en el marco de una catequesis que buscó acercar a los niños, jóvenes y familias al testimonio del Padre de la Paz Social.
El relicario que hoy custodia las reliquias tiene una historia que también habla de comunidad. El párroco, padre Fernando Pereyra, compartió en un audio cómo surgió la idea y cómo se fue gestando esta obra: con manos artesanas, materiales simples y el corazón dispuesto de quienes quisieron dejar su huella. Entre ellos, una exalumna y artista local, Claudia Altamirano, quien plasmó con dedicación la esencia franciscana haciendo la Tau, para la reliquia de primer grado del Beato Fray Mamerto Esquiú. El busto de Esquiú es obra del fallecido fray Aldo Lucifora.
Cada detalle del relicario fue pensado para invitar a la oración: la transparencia del vidrio, la textura de la madera, el espacio que permite acercar una intención o un gesto de gratitud. No es solo un objeto devocional, sino un lugar de encuentro, una puerta abierta donde la fe se hace visible y cercana.
Hoy, al detenerse ante él, muchos descubren que el verdadero milagro está en la comunión: en cada petición que se comparte, en cada palabra escrita, en cada corazón que se une al de Esquiú para pedir paz, fortaleza y esperanza. Así nació este relicario: de la fe sencilla del pueblo, de la creatividad de una comunidad viva, y de la certeza de que cuando el amor se vuelve obra, también se vuelve presencia.

