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Fray Mamerto en la Tierra bendita custodiada por sus hermanos franciscanos

Abr 22, 2021 | Fray Mamerto Esquiú

Por propuesta de su hermano y luego de un anhelado proyecto Fray Mamerto Esquiú emprendió su viaje a Tierra Santa en 1876. El 24 de abril desembarcó en Marsella y, luego de estar demorado por largas horas en la aduana, se dirigió al convento de los capuchinos para hospedarse. Un sueño cumplido pisar la tierra custodiada en la fe por sus hermanos franciscanos.  

Al día siguiente partió en ferrocarril a Génova desde donde después de una breve estadía se dirigió a Roma, llegando el 28. “Hambre y sed, insomnio y completo aísla- miento son mis compañeros de viaje; pero queridos en obsequio de Roma” (Cfr. González, 1910:183). Fue acogido por el P. General que “me recibe con la caridad que es de desearse en el sucesor del Seráfico Padre San Francisco” (Cfr. González, 1910:185).

Durante un mes se dedicó a visitar las iglesias y monumentos religiosos que atestiguan el paso histórico del cristianismo y tuvo la oportunidad de recibir la bendición del Papa Pío IX y más tarde en audiencia pública conocer al nuevo Papa, León XIII,

El 8 de junio tomó el ferrocarril para Nápoles y desde ahí se embarcó para Alejandría, para llegar el 27 a Jerusalén. Cuando llegó realizó un gesto que expresa su amor de fraile, se bajó del coche y besó la tierra: “cuando veo las cúpulas y murallas de Jerusalén, pido que pare el carricoche, ya en las calles de esa nueva población, me bajo y beso la misteriosa tierra que por un inmenso beneficio de la divina Misericordia recibe a un gran pecador” (Cfr. González, 1910: 202).*

Se hospedó en el convento franciscano, virtual base de operaciones de sus piadosas recorridas por todos los Santos Lugares y verdadero tabernáculo de su alma extasiada por tanta presencia de Dios.

Prácticamente no dejó de visitar ninguno de los lugares asociados a la vida de su amado Jesús, recibiendo en cada uno de ellos una impresión peculiar que calaba hondo en su espíritu, que no dejó de transcribir en su Diario y que en esta etapa se abulta como queriendo contener todos los momentos fuertes.

Adiós a la tierra santa 

Ansiaba poder pasar sus últimos años en esta tierra bendita. Sin embargo, no pudo realizar su deseo. El General de la Orden lo llamó a Roma, por lo que se alejó el 8 de diciembre de 1877, después de casi un año y medio de estadía en Palestina.

Al encontrarse con su Superior, éste le pidió que reposara y que pasadas las fiestas le transmitiría lo que debía hacer –“sin duda que proseguir mi viaje a mi colegio de Tarija”, pensó–. Esquiú se equivocaba. A la espera de la comunicación, recorrió iglesias y compró numerosísimos libros para la biblioteca del convento de Catamarca, de la que había sido bibliotecario.

Dos acontecimientos sucedidos en Roma retrasaron el diálogo del General con Esquiú: la muerte del rey de Italia, Víctor Manuel, y el deceso de su santidad Pío IX, hechos que aparecen narrados en el Diario de Fray Mamerto.

Finalmente le llegó el aviso de que Tarija no era su próximo destino, sino sólo alguno de los conventos que formaban parte de la Provincia Franciscana Argentina. Su misión: el restablecimiento de la vida según el ideal de San Francisco, como un humilde obrero.

Mientras tanto el 22 de enero se dirigió por brevísimo tiempo a Asís, la “segunda Tierra Santa”. Allí celebró misa por la reforma de su vida y la de la Provincia Franciscana Argentina. El 25 volvió a Roma, donde en el mes de abril tuvo la dicha de conocer al nuevo Papa, León XIII, en el que descubrió los rasgos que definirán su gobierno.

Los días de Fray Mamerto en Europa estaban contados y, ante la certeza de su inminente alejamiento, volvió a Asís, fuente inagotable de verdadera inspiración franciscana. Génova lo vio partir en la madrugada del 2 de mayo de 1878. Regresa luego de dos años de estadía, en el vapor Norteamérica desde el puerto de Génova.

*Del nuevo libro de FME “Vida Popular, milagro y pensamiento de Fr. Mamerto Esquiú”.

Homenaje a Fray Mamerto Esquiú en Tierra Santa.

Los frailes en Tierra Santa

En 2017 los franciscanos cumplieron 800 años de presencia misionera en Tierra Santa. Los franciscanos que pertenecen a la Provincia franciscana de Tierra Santa proceden de todo el mundo, y lo hacen voluntariamente, algunos hasta dar la vida. Desde la presencia franciscana Fray Mamerto va como un huésped de esta Tierra, para colaborar con la actividad pastoral de la Custodia de Tierra Santa encomendada por la Santa Sede a los frailes. Esquiú en su seguimiento de Jesús quiso habitar los lugares y pisar la tierra de su gran Maestro, predicar a los peregrinos de habla hispana para traducir el lenguaje de Paz y Bien que proceden de la FE.

 

Anécdota de Fray Mamerto en Jerusalén 

Estando en Jerusalén un sacerdote español, muy devoto, impresionado por la sabiduría y santidad del Padre Esquiú, al observarlo corriendo diariamente la Vía Dolorosa, la calle de la Amargura, diciendo Misa en la Iglesia de Getsemaní y predicando sin cesar a los peregrinos de lengua española, lleno de piedad, se le acercó y le dijo: «Enseñadme, hermano, alguna oración digna de Jesucristo, para rezarlo en el Santo Sepulcro». Y el Padre Esquiú le contestó: ¡No sé ninguna hermano! Yo no encuentro palabras ni formas para dirigirme a Él. Cuando me arrodillo en su sepulcro, sólo sé llorar [1]

[1]Francisco Castellanos Esquiú. Fray Mamerto Esquiú, una vida excepcional. Ob. cit., pág. 15.

 

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